Charles se paró a escasos milímetros de su cara, preguntándose por qué no le detenía. Debía estar muy enferma si llegaba a permitirle un beso sin al menos gruñirle. Encontró los labios turgentes de Audrey calientes por la fiebre, pero tan suaves y tiernos que invitaban a seguir en ellos. Le tomó la cabeza por las manos para prolongar el beso. Notó cómo a Audrey le ardían las mejillas y se apartó para mirarla.
Estaba adorable con las mejillas como un tomate y los ojos expandidos de la sorpresa.
- Eso ha sido muy descortés – murmuró ella, aunque sus labios se curvaron, inevitablemente, hacia arriba.
- Lo siento, señorita Dartmouth, pero ha sido inevitable.
- Si lo que querías era una segunda cita, podrías haberla pedido de la forma habitual. Unas flores con una cartita elegante.
- Pero es que ese no es mi estilo para conseguir a una mujer - le dijo Charles, y cogió una compresa limpia para humedecerla y limpiarle el sudor de la cara.
- Así que usas ese truco sucio para engatusar a las mujeres.
- Sí. Como ves, estoy lleno de trucos por todas partes… Aunque ninguno parece poder deslumbrarte.
- ¿Estás flirteando conmigo, Berlusconi?
- Desde el primer instante en que te vi, Audrey, estoy flirteando contigo – dijo él, con un suspiro de resignación.

5 comentarios:

  1. ¿¡Descortés!?
    Pero si te ha encantado Audrey, no mientas :)

    ¡Beso Parisino(h)!

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  2. Los trucos sucios son mucho más divertidos!
    Me encanta la imagen de la cabecera... NY es tan mágico! ;)

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  3. si lo hubiera echo de otra forma tampoco se hubiera dado cuenta. ser descortes es bonito, ¿no?

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  4. Que bonito, seguro que habrá segunda cita, y tercera y cuarta...

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