Nunca fuiste de aquellas mujeres movidas por el corazón,
que si el camino se hacía largo, parabas, y yo te arrastraba, y tropezábamos.
Y así seguimos, este camino, y a cuestas contigo,
y qué dijimos, o no dijimos, y al final olvidamos el motivo.
Y tú ahí, mirando a la nada, viendo como pasa la vida, pero no haces nada.
Esperas sentada a que se destruya tu alma.
Y pasan los años, los meses, los trenes,
y tú en el andén, pero siempre los pierdes.
Y cuando se marcha, le gritas pero no se detiene.
No consigo darte más porque no tengo, para ti no fue suficiente
entregarte el cielo, te quedaste quieta viéndolo morir. Lo nuestro.



Para los que hayan tenido un día cruzado por la impotencia.

1 comentario:

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c o r a z o n e s.