Layla podía contar las motas grises que navegaban por la pupila azul de Kilian. Y podía saborear el aliento que lamía sus mejillas. Pero en ninguno de los casos, podía prever que sería Kilian quien atrajera su cabeza hacia él para besarla con tal frenesí que toda su cabeza empezó a dar vueltas cuando la Lujuria invadió en torrente todas las partes de su ser, hasta la punta de los dedos.
Deseó tanto hacer el amor con él en aquel momento y volver a poner su mundo patas arriba, decirle que le quería, que le quería y que estaba dispuesta a arrastrarse a sus pies, que no le importaba nada de lo que había pasado, que prefería borrar de sus vidas aquel par de meses infernales y volver al punto exacto de dónde lo habían dejado. Allí, en aquel mismo hospital, cuando Layla sintió que, por primera vez, hacían el amor en sintonía. Quería eso. Le quería a él. Le amaba tanto que quemaba. Quemaban los días que había estado sentada al lado de la cama mirando su cara mientras dormía, notando que se enamoraba cada vez más.
No supo cómo tuvo fuerzas para empujarle con firmeza y separarlo unos centímetros de su férreo abrazo, pero lo hizo, y con los ojos brillando en una mezcla de cariño y esperanza, le pidió lo mismo que había deseado Mandy durante tanto tiempo.
- Dime que me quieres. Dímelo y dejo todo por ti, Kilian. Me dará igual que mi hermano me odie por arrastrarme a ti después de lo que ha pasado, y que Phoenix no vuelva a hablarme porque crea que he jugado con él. Mandaré a la mierda toda mi autoestima y me encadenaré a tu cama para que hagas conmigo lo que quieras, pero tienes que decirme que me quieres como yo te quiero a ti. Dímelo, por favor. Dímelo sólo una vez.

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c o r a z o n e s.