Se quedó mirando fijamente los zapatos, sin quererlo. Eran unos chapines altos y elegantes, de negro charol, una reliquia propia de los años cuarenta que realzaban el vestido globo al cual conjuntaban. De todas formas, los chapines no habían sido destinados para aquel vestido, ni siquiera, ni mucho menos, para el día de la boda.
Los había estrenado con él, una semana antes. Lo presintió, de alguna manera. Sabía que después de tantas veces, a oscuras, en el coche, terminaría ocurriendo. Tuvo la suerte de elegir ponerse los chapines el día que él se decidió.
Como esperaba, los reconoció, y su cara se contorsionó en una mueca desagradable. Muñeca había sonreído siniestramente, resistiendo la tentación de destrozarle la vida allí mismo, delante de decenas de personas.
- Nunca llamas tito al tito – le dijo su hermano, empezando a dar saltos en la cama de su hermana.
Muñeca se rió suavemente, disfrazando la amargura. No podría llamarle tío al fetiche de sus zapatos ni aunque lo deseara con toda su alma.

2 comentarios:

  1. ¡Caramba! ^^ De esto me acuerdo... aunque no recuerdo muy bien de qué historia era... ¿Princesas con el corazón de alambre? Creo que se llamaba así, pero no recuerdo muy bien de qué iba.

    Anyway, me encanta esa faceta vengativa, y al mismo tiempo autodestructiva, del personaje. ♥

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  2. Me encanta tu blog :)
    ¡Besito ♥!

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