October sabía dónde se estaba metiendo con todo aquello y no le gustaba. En absoluto. No le gustaba morirse de placer cuando él la acariciaba, ni querer besuquearlo constantemente porque le temblaran las rodillas cuando lo hacía. Ni quería otorgarle la libertad que él, en ese momento, se tomó para bajar uno de los tirantes del vestido y atrapar su pezón en la boca. Aquel gesto era una tontería para una persona que había tenido una vida sexual normal y corriente. No podía desentrañar nada el hecho de que otro hombre de tantos le mordiera el pecho, pero en Russel la llenaba de ternura. La hacía sentirse tan deseada y especial que era por eso por lo que siempre terminaba rindiéndose a él.
- Ojalá hubiera nacido antes – murmuró él mientras volvía a besarla en los labios y liberaba su otro seno de la tela que lo cubría.
October era tan erótica que quemaba. Quería que fuera suya. Suya y de nadie más, pero era realista. Ella no iba a optar por un crío, por muy bien que se lo pasara cuando estaban juntos. Él sólo era el peón de transición de la ruptura a la estabilidad.
- ¿Para qué?
- Si tuviera tu edad, me querrías.
- Si tuvieras mi edad, serías más mayor, seguirías follando muy bien y seguirías cayéndome mal, Russel. No habría mucha diferencia.

2 comentarios:

  1. Como siempre, fascinante.
    En serio, me encanta cómo escribes :)

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  2. Ahhhhh... Oc y Russ... esta escena mola mucho, pero la siguiente escena subidita de estos dos es mucho mejo aún.

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