Fran acarició su cabeza, dejando que los dedos se fundieran con el cabello chocolate. Su lugar estaba allí, junto a ella, más de lo que él había imaginado. Se había metido en un lío colosal llamado amor.
- ¿En qué piensas? - le preguntó Carla, abriendo los ojos.
- En que todo en lo que había creído durante años no existía. Pensaba que estaba rodeado de gente que me apreciaba, de colegas incondicionales.
- De admiradores, Príncipe. Sólo admiradores - le corrigió ella, haciéndose un ovillo entre sus brazos.
- Ahora sí, pero antes no lo veía de esa forma. Antes creía que no existía nadie en el mundo con mi suerte - murmuró él - Y a la hora de la verdad, cuando más les necesitaba, los únicos que estuvieron conmigo fueron ese puñado de chiflados y tú - se inclinó para besarla en la cabeza, agradeciendo en ese gesto que aún permaneciera con él - Así que ya pueden ir dándoles.
- Eso dices ahora para aprovechar que estoy asquerosamente mimosa.
- Al que operaron fue a mí. Faltaría más que no lo estuvieras.
- No soy nada tuyo.
- ¿No?
Carla esbozó una sonrisa pícara.
- Pues no. Yo sólo soy Princesa de mi propio reino a falta de un Príncipe valiente.
Fran se movió con brusquedad para dejarla debajo de él. Acercó su cara a la de ella, respirando su dulzor a vainilla.
- No sé si soy valiente, Carla. Sólo sé que quiero que seas mía.

3 comentarios:

  1. yo creo que los dos son valienties. y ella ha encontrado a su principe.

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  2. Por el bien de esos dos y de mi cordura... Que nunca se separen!

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