- En realidad me pareces muy interesante.
- Uh. Sorpréndeme, genio – Audrey se reclinó sobre el respaldo y cruzó las piernas, con una sonrisita picarona.
- Primero voy a contestar a una pregunta mental que te quitará el ego: no te quiero para un polvo. Para eso elegiría a una mujer que estuviera mejor dotada. Me gustan las tetas grandes.
Audrey se quedó blanca. Luego empezó a ponerse roja de la rabia y apretó los puños sobre la mesa.
- ¿Acabas de lanzarme una grosería que incluía las palabras polvo y tetas? – le dijo en tono más alto del que hubiera deseado. Medio restaurante les miró.
Charles dibujó una sonrisa divertida.
- Mon Dieu. Cuando te enfadas eres la persona más atractiva que he conocido nunca.

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