- ¿Por qué cojones no aceptas las cosas? ¡Hola, señorita perfecta, la has cagado!
- Pasa de mí, ¿quieres? – le espetó su amiga, haciendo ademán de marcharse, pero Daniela cogió con fuerza su brazo, dispuesta a retenerla.
- Eres una miedica. Siempre lo has sido.
- Cierra la maldita boca, Daniela, o…
- ¿O qué? – la desafió - ¿O sino qué, Carla? No es a mí a quién vas a hacer daño. Si me mandas a la mierda me echarás de tu vida. Como hiciste con Fran.
- No tienes una mierda de idea de eso.
- ¿Qué no? Te conozco mejor que a ti misma, coño. Siempre has sido una gilipollas. Ese es el adjetivo que mejor te va. Gilipollas.
Carla la esquivó con brusquedad y se alejó a pisando fuerte, con accesos de odio palpitándole en las sienes. Daniela colocó las manos en la cintura y la miró alejarse. Su voz resonó en el pasillo, vacío, pintado con el sol de las seis de la tarde.
- Actúas bien, nena, – le dijo, y su amiga giró la cabeza, con el desdén destilando en la mirada – pero a mí no puedes negarme que dejaste a Fran porque te enamoraste de él. Incluso hasta para eso eres una gilipollas integral.

4 comentarios:

  1. ¡AY! con lo bonito que es el amor y como algunas personas se empeñan en huir de él.

    Besos!

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  2. La frase final es genialísima. A veces por miedo a perder, a ganar, a no saber reaccionar, dejamos a aquello que más queremos. Menos mal que hay gente como Daniela, que nos dice la verdad aunque duela. Siempre e smejor saberla.
    Me ha gustado mucho.
    Y el diseño es monisimo ^^

    besos

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  3. a veces es mejor alejarse antes de que ya no puedas soltarte nunca más, ¿no?

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  4. Pienso igual que "enrojecerse", no puedo negarlo, jajaja.

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