Layla giró la cabeza y mordió la almohada cuando el orgasmo la sacudió para no gritar. Había tenido muy pocos orgasmos con Kilian porque él nunca le había dedicado la atención suficiente, pero aquel sin duda fue el mejor. Kilian sintió como sus músculos se contraían y apretó un poco más los dedos, manteniéndolos dentro para que el orgasmo le durase más. Después sacó la mano despacio, para que la sensación de pérdida no fuera incómoda, y se levantó de la cama.
- Kilian - susurró Layla, agitada.
- ¿Qué?
- Eres un hijo de puta.
Kilian sonrió.
- Como si eso no te gustase, rubia.

5 comentarios:

  1. Eso es lo malo, que a veces gusta pero nos mercemos orgasmos siempre :)

    Besicos

    ResponderEliminar
  2. Hola,me encanta tu blog.

    Me ha gustado mucho tu entrada,yo sería casi incapaz de describirlo todo tan cojonudo,

    saludos desde el otro lado

    ResponderEliminar

Por si quieres dejar tu huella aquí :)

c o r a z o n e s.